sábado, 16 de febrero de 2008

asar



Asar
Si cuando asas sardinas o cualquier otro tipo de pescado, pones unas hojas de laurel junto al pescado en la parrilla, evitarás tanto la humareda como el olor característico. Pruébalo.

Las cebollas adquirirán un bonito tono dorado si durante el asado las espolvoreas con un poco de azúcar. La carne o las butifarras también pueden recibir un poco de azúcar. Esto hará que tengan un mejor aspecto, serán más crujientes y en el sabor de la carne no se conocerá el azúcar.

Si se alzan llamas cuando estás asando algo, resolverás el problema simplemente espolvoreando con sal.

Apaga el horno, saca el asado, pon en su lugar la fuente de servir, córtalo, y dispón las rodajas en la fuente caliente.

Conseguirás un asado tierno si dejas reposar la pieza, una vez asada, sobre una hoja de papel de plata durante unos minutos.

No ases nunca una carne recién salida del congelador porque su interior quedaría frío y no saldría tierna.

Si el asado no te queda crujiente, pincélalo con agua mineral salada y devuélvelo al horno

La salsa de un asado tendrá mejor sabor si se le añade una pizca de café instantáneo en polvo.

Si no te decides a usar el horno para un asado por el problema del humo, mete en el horno un cazo con agua, y asunto resuelto.

Para asar la carne, empieza por sacarla de la nevera un mínimo de una hora antes de la prevista para meterla en el horno, a fin de que luego no endurezca. Embadúrnala bien con aceite, o con la grasa que sea, para que retenga todos sus jugos en el curso de la cocción; y si quieres que te resulte tierna, en el caso de la carne blanca, sálala antes de asarla, y, en cambio, cinco minutos antes de acabar si se tratara de carne roja.

La piel de una oca o de un pato asado te quedará mucho más crujiente si una hora antes de meterla en el horno la frotas con sal. Enjúgala con papel absorbente y engrásala un poco antes de hornearla.

Si asas un pato, un pollo o un pavo, úntale la piel con miel líquida 10 minutos antes de acabar el asado, y la piel quedará mucho más crujiente.

Salsa rápida para el asado: inclina la bandeja de horno sobre el fregadero para que escurra el máximo posible de grasa (es la parte clara que sube a la superficie). Deténte antes de que el jugo más oscuro se escurra también. Viértelo con lo que quede de grasa en un cazo, añade 10 cl. de agua, 2 cucharadas soperas del coñac o del licor que hayas empleado en el relleno del asado, 2 cucharadas soperas de zumo de limón y 1 cucharadita de café de finas hierbas trinchadas. Lleva la mezcla a ebullición durante 2-3 minutos, revolviendo bien, sazónala y sácala a la mesa en salsera.

Una carne asada que se ha congelado pierde mucho jugo, y por tanto sabor cuando se la descongela a temperatura ambiente. Es indispensable ponerla a descongelar en la nevera.

La carne que se vaya a asar, tanto si es roja como blanca, resultará mucho más sabrosa si se la saca de la nevera una hora antes de meterla en el horno. El choque térmico será así menor.

Un asado de cerdo o de ternera gana mucho si se lo espolvorea con un puñado de hierbas secas y se unta con mantequilla o un poco de aceite antes de empezar el asado.

un asado de cerdo mechado con ajos resulta delicioso, pero deben introducirse los ajos al bies entre las fibras para que no se salgan en el proceso de cocción

Si se desbrida el asado 10 minutos antes de acabar la cocción; se inflará más y resultará más aparente y más tierno.

Un vasito de coñac vertido sobre la pieza de carne media hora antes de meterla en el horno hará que resulte más perfumada y tierna.

Para obtener buenos resultados es conveniente respetar las reglas fundamentales del asado:no ases directamente una carne que recién ha salido de la nevera. Su zona central estaría demasiado fría y te quedaría dura. La carne que se vaya a asar debe salir de la nevera entre 2 y 3 horas antes. Sólo en el caso en que se vaya a asar a la parrilla bastará con sacarla media hora antes.

Para evitar que los bistecs se retraigan, entállalos en los bordes.

No pinches la carne durante el asado, pues perdería sus jugos. Si tienes que voltearla, utiliza una espátula mejor que un tenedor.

No sazones la carne al principio, házlo a media cocción o incluso al final, pues, sobre todo en el caso de las piezas que se vayan a asar en la parrilla, evitarás que se contraigan y pierdan sangre.

Para saborear un asado bien tierno, no olvides dejarlo reposar diez minutos, envuelto en papel de aluminio, a la puerta del horno apagado, antes de proceder a cortarlos.

Lo ideal es sacar la pieza de la nevera una hora y media antes de meterla en el horno. No le quites el envoltorio que llevaba.

Si temes que vaya a resultar un poco duro, media hora antes de entrar la pieza al horno échale un vasito de coñac. También resulta bien si la víspera la untas por todos lados con mostaza.

Un asado de cerdo perderá menos volumen si antes de asarlo lo pones a remojo unos segundos en agua o, mejor todavía, si lo sumerges en agua hirviendo

Para que la pieza se dore bien, aspérgela con zumo de limón, y para evitar que se reseque, introduce en el horno un recipiente con agua.

Si el asado estuvo listo antes de lo previsto, envuélvelo en papel de plata y déjalo en el horno, apagado y con la puerta entreabierta.

Si quieres recalentar un resto de asado, remójalo en agua fría y pásalo unos minutos por el horno.

Si retiras el cordel con que habías atado un trozo de carne 5 minutos antes de acabar la cocción, la carne resultará mejor
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